"" Las letras son lo unico eterno, la memoria no, esa se borra cuando el cuerpo desaparece....""

martes, 26 de julio de 2011

El cumpleaños

Era la empleada del mes. Se había esforzado tanto por ganarse la confianza del jefe y había pasado tantas noches sin entregarse a los brazos de Morfeo, que la sola idea de marcharse por la puerta de atrás, escoltada por los guardias, le hacía sentir una punzada en las tripas. Y todo por confiar en aquella maldita mustia del cubículo anterior al suyo, con su cara de mosca muerta y su aire desenfadado, parecía tener la vida arreglada y que nada le faltaba, sin embargo ella había luchado con uñas y dientes para ganarse ese puesto, había pasado hambres y cansancios en su época de universidad, esos recuerdos le daban un impulso sacado desde el fondo de su cuerpo, ahí, en el pecho. Sabía que la mugrosa estaba en ese momento soltandole toda la sopa al jefe, lo de los numeros modificados en las actas administrativas, lo de la cita cancelada de la semana pasada, ¿quien se cree esta puta queriendo echar por la borda el trabajo laborioso y bien estructurado que había hecho desde el primer día? Acelero el paso al atravesar el pasillo que se alargaba, cubierto de cubículos donde trabajaban placidamente el resto de los empleados de la afamada compañía editorial. Al acercarse a la puerta del jefe, se detuvo y apreto los puños. Justo en el momento de abrir la puerta, sintió su mirada detrás, su respiración, ¿y si giraba la cabeza? Al fin y al cabo tenía la llave para su problema, sabía que era la pinche mitotera que quería quitarle el trabajo, lo planeó en cuestión de segundos, hacer como que no pasaba nada, una invitación al café habitual, el regreso por el desolado camino de curvas continuas, nadie la encontraría nunca, nadie sospecharía de ella, al fin y al cabo no tenía familiares, recordó la charla íntima con lágrimas y todo, la mano tendida en la mesa en un gesto de lealtad, lástima, pensó, si no hubieras abierto tu bocota aún seríamos las mejores amigas. Giró la cabeza, la saludo muy ocasionalmente, la invito al café en la hora del almuerzo, el regreso por el camino desolado, la hizo bajar del coche fingiendo una avería, dobló la esquina de regreso, ¿le habrán visto? ya no importaba, siguió caminando al entrar a la oficina, sonrío al ver el sitio vacío de su compañera y sonrió mas aún para sus adentros al recordar el rostro amordazado. Fue cuando sintió algo raro en el ambiente, tampoco estaban los demás, y de repente -¡Sorpresa!- salieron todos de sus escondites y comenzaron a felicitarla, miro el calendario de la pared, 24 de marzo, era su cumpleaños y la voz del jefe interrumpio su asombro -¿alguien ha visto a Daniela?- y Daniela reposaba en el monte, a un lado de la carretera internacional numero 15, en el kilometro 18, con un puño de sombreritos de fiesta en su bolso y la cara toda cubierta de lodo.

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